Voy a hacer una afirmación que sé que va a molestar a mucha gente: «USS Callister» es el mejor episodio de Black Mirror. Incluidas «San Junípero» y «Hang the DJ». Lo sé, lo sé. Pero escuchadme.
Lo que hace «USS Callister» que ningún otro episodio había conseguido del todo es mezclar el terror con la comedia con la crítica social de una manera tan fluida que no te das cuenta de cuándo pasas de reírte a tener frío en la espalda. Y eso, amigos míos, es un equilibrio dificilísimo de conseguir.
Jesse Plemons haciendo de ese tipo. Ese tipo que todos conocemos. El que se siente incomprendido por el mundo, el que cree merecer más de lo que tiene, el que construye su propio universo de control donde por fin puede ser el héroe. Y la serie lo muestra con una crueldad y una precisión que resulta incómoda. No porque el personaje sea un monstruo de ciencia ficción. Sino porque es un hombre perfectamente reconocible.
Me pasé el episodio entero recordando conversaciones, actitudes, patrones que he visto en el mundo real. Y eso, precisamente eso, es lo que hace que Black Mirror funcione cuando funciona. No el gadget. No la tecnología. La tecnología es solo el espejo. Lo que importa es lo que refleja.
La cuarta temporada en general me parece irregular, como siempre ha sido la serie. Hay episodios que no funcionan en absoluto. Pero «USS Callister» está en el Olimpo. Y lo defenderé con uñas y dientes frente a quien sea necesario.



Suscribete