El libro del año es «James» de Percival Everett, que técnicamente es del año pasado pero que yo leí este año porque así funciona mi relación con los libros: llego cuando llego y llego cuando puedo.
Pero en novedades puras de 2025: «The Heart and the Chip» de Daniela Rus. No es ficción. Es un libro sobre robótica e inteligencia artificial escrito por una de las personas que más sabe del tema en el mundo, y que tiene la virtud extraordinaria de ser legible por alguien sin formación técnica. En un año en que la IA ocupa tanto espacio en las conversaciones públicas, este libro es el antídoto perfecto a la hipérbole en ambos sentidos.
«Intermezzo» de Sally Rooney. Sí, seguí con Rooney después de «Normal People». Este es más maduro, más oscuro, más dispuesto a dejar a sus personajes sin redención fácil. Una historia de dos hermanos que procesan la muerte de su padre de maneras completamente distintas. No es tan instintivamente emotiva como «Normal People» pero es más rica.
Y volví a «Una breve historia de casi todo» de Bryson. Como cada año. Como el ritual que es.
La montaña de la vergüenza sigue siendo enorme. La diferencia es que ya no me avergüenza. Es la prueba de que hay más cosas en el mundo que quiero leer de las que puedo leer. Eso, visto de otra manera, es un lujo.
Hay algo que no menciono en estas listas pero que está implícito en ellas: cada año leo menos de lo que quiero, y cada año entiendo mejor por qué. La atención es el recurso más escaso de nuestro tiempo, más que el dinero o las horas. Y la industria editorial lo sabe. No es casualidad que libros como Vera, el último Premio Planeta, se muevan ya muy por debajo de las 300 páginas que durante décadas fueron el mínimo tácito de lo que se consideraba una novela «seria». Los lectores no se han vuelto perezosos, se han vuelto honestos. Honestos sobre lo que pueden sostener, sobre lo que el mundo les deja sostener. En Orukami llevamos un tiempo pensando mucho en esto, en qué significa contar historias completas para lectores reales, y tenemos algo entre manos que nos tiene bastante emocionados. Pero eso es para otro día. Hoy toca cerrar el año con lo que hay: una pila de libros leídos que me alegra haber leído, y otra pila, más alta, de libros que me esperan sin juzgarme. Eso también es literatura.



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