Empecé este diario de recuperación como jugador en 2021. Cuatro años después puedo decir que la recuperación está completa. Ya no soy «el tipo que defiende los videojuegos pero no juega». Volviendo a ser «el tipo que juega».
Ghost of Tsushima ya lo reseñé en su propio artículo. Pero quiero añadir algo que no dije allí: lo que me devolvió definitivamente fue la conversación con mis hijos después de terminarlo. Hablar de la historia, de las decisiones morales del protagonista, de si hicimos las mismas elecciones en los momentos de decisión. Eso es lo que hace que los videojuegos sean un medio: que generan esas conversaciones.
También jugué a «Elden Ring: Nightreign», la expansión cooperativa que FromSoftware lanzó este año. Jugar con mi hijo mayor durante varias tardes seguidas, muriendo repetidamente ante el mismo jefe y riéndonos de ello, es uno de los recuerdos del año que más voy a guardar.
Y «Hollow Knight: Silksong», que después de años de espera por fin salió y que es exactamente tan bueno como esperaba. Un metroidvania de una precisión y una belleza que hacen que las diez horas que le he dedicado todavía me parezcan pocas.
El videojuego como medio familiar, como conversación generacional, como forma de estar juntos de maneras que otros medios no permiten. Eso es lo que recuperé. Y no lo pienso soltar.



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