Reflexiones de fin de año 2025

Veinte años de blog. Lo celebré en julio con un artículo que intentaba ser honesto sobre lo que significa seguir escribiendo aquí cuando el mundo ha seguido moviéndose hacia otros formatos. Lo que no dije entonces, y que quiero decir ahora, es lo que este espacio me ha dado.

Me ha dado la disciplina de terminar los pensamientos. La diferencia entre pensar algo y escribirlo es la diferencia entre una nebulosa y una estrella: escribirlo le da forma, densidad, gravedad. Muchas de las cosas que creo que pienso, las pienso de verdad solo cuando las escribo. Este blog es, en ese sentido, mi laboratorio privado.

Me ha dado un registro. Puedo volver a lo que pensaba en 2005 sobre un iBook G4 y ver quién era entonces. Puedo leer lo que escribí sobre Syd Barrett o sobre Avatar o sobre el confinamiento y encontrar al hombre que era en esos momentos. Eso no tiene precio. Los recuerdos son selectivos y traicioneros. Los textos, no.

Y me ha dado la costumbre de compartir. No en el sentido de audiencia, que siempre fue pequeña y eso está bien. Sino en el sentido de que escribir para alguien, aunque ese alguien sea hipotético, te obliga a un nivel de claridad que el diario privado no exige.

Veintiún años. Este blog tiene veintiún años. Ya es mayor de edad.

Gracias por seguir aquí. Los que leéis esto sois exactamente los lectores que siempre quise tener.