Kathryn Bigelow: O por qué el mejor director de acción de la historia es una directora

Decía el otro día que ando inmerso en un ciclo de «películas de fondo» mientras termino el proyecto de Orukami. Y como buen frikito que soy, me ha dado por hacer un experimento sociológico-cinematográfico en mi propio salón: un ciclo cruzado entre Kathryn Bigelow y su ex-marido, James Cameron.

Sí, estuvieron casados un par de años en los 80. Imbécil que es uno, me hacía gracia ver cómo dialogaban sus filmografías. Y la conclusión ha sido devastadora. Para él.

Mientras veía las (pocas) películas de Cameron y las intercalaba con las de Bigelow, quedé con mi amigo David —sí, tengo más amigos, pero últimamente parece que solo él me aguanta estas chapas— y le comenté mi descubrimiento. Le dije que había vuelto a ver Le llaman Bodhi (Point Break) y Días Extraños. Le dije que había vuelto a ver K-19, esa película de submarinos rusos de la que saqué mi nick videojueguil «TheWidowmaker» (El Hacedor de Viudas) hace años.

Y le confesé, yo, el cinéfilo con ínfulas, que no era consciente de la magnitud de la obra de Bigelow. Que las había disfrutado por separado, pero no había unido los puntos.

David, que es tremendo cultureta y tiene la ceja permanentemente arqueada, me miró y me dijo: «¿Pero qué me estás contando? Esas tres son de ella. Y son obras maestras».

Y ahí me explotó la cabeza.

Total, que no quiero yo volver con mi historia woke de siempre, ni ponerme la chapa de aliado feminista a posteriori, pero la pregunta es obligada: ¿En qué lugar del escalafón de la corriente cinéfila imperante está Kathryn Bigelow?

Os lo digo yo: injustamente abajo. Debajo de cientos de hombres que son, objetivamente, mucho peores directores que ella. Entre ellos, y me duele decirlo porque adoro Terminator 2, su propio ex-marido.

Vamos a coger carrerilla, porque la lista marea. A ver en qué lugar de la historia colocaríamos a un señor que hubiera dirigido:

  1. Le llaman Bodhi: La película de acción perfecta. Punto. Bigelow redefinió cómo se rueda una persecución a pie (esa cámara siguiendo a Keanu Reeves por los patios traseros). Capturó la adrenalina y la testosterona mejor que ningún hombre.
  2. Días Extraños: Una película de ciencia ficción cyberpunk que se adelantó veinte años a su tiempo. El plano secuencia inicial es una lección de cine inmersivo que deja en pañales a la mayoría de blockbusters actuales.
  3. K-19: The Widowmaker: Un drama bélico claustrofóbico donde la tensión se corta con cuchillo.
  4. En tierra hostil: La película por la que se convirtió en la primera mujer en ganar el Oscar a Mejor Dirección (robándoselo, por cierto, a James Cameron, en una justicia poética maravillosa). Una disección de la adicción a la guerra que te deja sin aliento.
  5. La noche más oscura: Un procedimental frío, quirúrgico y brutal sobre la caza de Bin Laden. El asalto final es una masterclass de tensión en la oscuridad.
  6. A House of Dynamite: El peliculón más reciente y la razón de que empezara este ciclo. Una BARBARIDAD. A sus setenta y tantos años, Bigelow ha vuelto para darnos una lección de cómo se rueda un thriller de acción moderno sin necesidad de pantallas verdes infinitas y bueno, sin lo que llamaríamos acción. Tensión pura que deja en ridículo a cualquier estreno de este año.

Si un director varón tuviera este currículum, estaríamos hablando de él al nivel de Scorsese o Spielberg. Estaríamos estudiando sus planos en las escuelas de cine (que se hace, pero menos).

Bigelow tiene una capacidad única para la violencia cinética. Su cámara no es estática, es un proyectil. Entiende la acción no como fuegos artificiales, sino como consecuencia física. Sus personajes sudan, sangran y tienen miedo.

Es curioso que a las directoras a menudo se las encasille en dramas intimistas o comedias románticas, y tenga que venir Kathryn Bigelow a enseñarle a Hollywood cómo se rueda un tiroteo, cómo se salta de un avión sin paracaídas o cómo se desactiva una bomba.

Es una maestra absoluta.